Cuando uno empieza como monitor o monitora de campamento, lo normal es cometer errores. ¡Nadie nace sabiendo! Lo importante es tener la actitud de aprender, mejorar y sobre todo, poner siempre a los y las participantes en el centro de nuestra labor educativa. Hoy repasamos algunos de los fallos más habituales entre quienes dan sus primeros pasos en el mundo de los campamentos… y cómo podemos evitarlos.
1. No planificar de manera realista
Es fácil caer en la trampa de pensar que todo saldrá según lo previsto. Pero cuando se trabaja con niños y niñas, hasta las tareas más sencillas, como ducharse o lavarse los dientes, pueden alargarse mucho más de lo que imaginábamos. Si no dejamos márgenes realistas entre actividades, corremos el riesgo de ir con prisas todo el tiempo y aumentar el estrés del grupo (¡y del equipo!).
2. Olvidar que cada niño es diferente
Una planificación muy cerrada o una idea rígida de cómo deben comportarse los participantes puede hacernos olvidar que cada niño tiene su propio ritmo, necesidades y forma de expresarse. Nuestro trabajo no es solo coordinar, sino observar, conocer y acompañar. Flexibilidad y empatía son claves para crear un entorno seguro y enriquecedor.
3. No saber adaptarse ante imprevistos
La lluvia, un cambio de horarios, una baja en el equipo, o incluso el simple estado de ánimo del grupo… En un campamento siempre habrá cosas que se escapen de nuestro control. Es importante mantener un equilibrio entre seguir la planificación y saber fluir con lo que está ocurriendo. Una buena monitor/a sabe improvisar… con criterio.
4. Subestimar los momentos tranquilos
A veces pensamos que un campamento tiene que ser pura energía y actividades sin parar. Pero en realidad, los momentos de calma —como contar un cuento, preguntar qué tal les ha ido el día o simplemente sentarse en círculo— son fundamentales para que el grupo se relaje, conecte y procese lo vivido. Muchas veces, son estos pequeños instantes los que los peques más recuerdan.
5. Intentar hacerlo todo en solitario
Es habitual que los monitores novatos quieran demostrar que pueden con todo. Pero en un equipo, lo mejor es apoyarse los unos en los otros. Compartir tareas, dudas y emociones fortalece la cohesión y mejora el bienestar de todos. ¡Pide ayuda cuando la necesites!
6. Pensar que la autoridad se gana con gritos
Imponer no es educar. Un monitor que alza la voz o recurre al castigo constante probablemente no ha aprendido aún a gestionar el grupo de forma constructiva. La autoridad se gana con respeto, coherencia, y siendo un referente positivo. La calma y el buen humor son nuestras mejores herramientas.
7. Descuidar el autocuidado
Si tú no estás bien, no puedes cuidar de los demás. Dormir lo suficiente, alimentarte bien, tomarte tus momentos de respiro o compartir lo que te preocupa con tus compis de equipo no es un lujo: es una necesidad. El autocuidado no es egoísta, es profesional.
¿Y tú?
Si ya llevas tiempo trabajando como monitor/a…
👉 ¿Qué errores cometiste al empezar?
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